lunes, 14 de diciembre de 2009

Tira y afloja

Hoy me han contado una fábula checa. Dice ésta que un gato y un pollo se encuentran. Cuando el gato se acerca, el pollo echa a correr. Cuando el gato se queda quieto, el pollo se acerca a molestarlo diciendo pío, pío, pío. ¿La moraleja? Todos nosotros, gatos hambrientos, deseamos el pollo, pero para eso hay que tener constancia y frialdad.
Lo que he notado entonces, como una evidencia encontrada por sorpresa, es que tú y yo no tenemos ni constancia ni frialdad, sólo hambre. Así que nos buscamos mutua e inevitablemente y ninguno se convierte en pollo asustado, a diferencia de lo que sucede en el mecanismo social típico y absurdo al que yo suelo llamar “perro del hortelano” en lugar de “gato y pollo” (nótese que el perro es lo que aquí sería el pollo). Me gusta más nuestro juego. Porque si un día alguno echa a correr, sabremos que como gatos, hemos sobrepasado la distancia adecuada
. Pero a diferencia de los pollos, cuando yo echo a correr una vez, no suelo volver con el pío, pío. Y es que no me gustan esas tensiones de tira y afloja, prefiero que ambos nos acerquemos hasta la insostenibilidad, y llegados ahí, desaparecer por necesidad tan solo.
Así que llegar a la insostenibilidad es el único punto preocupante de nuestra fábula, y muy calculadoramente he hecho que desaparezca decidiendo que no existen los
meses, ni los 30 de junio, ni siquiera hoy. Sólo existe ahora, y ahora, impaciente e insaciable como un gato hambriento, quiero acercarme a ti sólo porque sé que lejos de correr, responderás mordiendo con más fuerza.

martes, 17 de noviembre de 2009

Un día cualquiera, Listopad

Hoy sólo me apetece estar aquí y empaparme de acordes, saltar en la cama, reenamorarme de los Pixies como cada día. Bailar para liberarme.
Y entonces, y sólo entonces, salir a la calle, los cascos en la cabeza -a modo de orejeras por el frío-, bailar Praga, sentir Praga, mirar muy callada cada detalle, las caras de las personas que pasan, mezclarme con la ciudad, sonreír de libertad.
No me apetece hablar con la gente, -con la misma gente-, ni que ir de cervezas sea casi una obligación, ni comer perritos calientes. No me apetece rutina, no me apetece pensar en ti tanto cada día -y eso habrá que solucionarlo-, pensar en los kilómetros, de nuevo en tus abrazos. No.
Quiero no tener que pensar en qué pienso, no preguntarme where is my mind? y darme cuenta de que está en las tareas, en los deseos y en ti. Las tareas deben salir solas y los deseos detrás, y tú sólo aparecer cuando aparezcas, porque nunca estuve tan segura de que no estoy enamorada de nada más que del amor.
Sweet sweet blue, los cafés, las callejuelas de Bohemia, mám rád zvuk Čeština... yo sabía que sería el principio del resto para siempre, tengo una huella en la cajita que nunca se borrará, cada vez siento más viva la certeza de que no hay vuelta atrás.
Nunca podré volver a casa porque mi casa está en mí, always no direction.
Así que alzaré la cabeza, miraré el cielo, dejaré que el viento me revuelva el pelo. Pero no pronunciaré ninguna oración, porque mi dios es el Mundo y estoy viva para disfrutarlo, suceda lo que suceda. Ce qui importe n’est pas la fin mais la route.

martes, 27 de octubre de 2009

Tras escoger libertad

Esta noche querría a cualquiera; a veces pienso que es el ansia de cariño lo que hace que aquí deseemos comernos los unos a los otros, como un instinto por crear lazos en un lugar en que todos nos sabemos solos en el fondo.
Yo me balanceo entre la felicidad de la soledad y el vacío de la soledad. Miro por la ventana y observo gente checa con la que no sé comunicarme, con su vida perfectamente ubicada; a penas una pizca de sol entre las nubes y las ramas de los árboles moviéndose violentamente. Entonces me invade una sensación de pequeñez ante los kilómetros del planeta, me siento tan sólo un humano en una habitación, conecto con la inmensidad de humanos en el resto del mundo y comprendo lo insignificante de nuestras vidas. Así, algo dentro de mí sonríe, soy una adicta a la sensación de la más acongojante libertad. Así, algo dentro de mí sabe que de no ser por esto, lo dejaría todo por un abrazo.
El problema está en que la mayoría también somos adictos al amor, y no es compatible. Te pones perra, buscas que cualquier mano te acaricie sin poseerte, pero al final caes en la cuenta de que si para muchos es difícil separar sexo y amor allá donde tienen el cariño de los suyos, aquí es casi inevitable estrechar distancias, porque no hay nada más allá. Así que huímos, decimos “no flipes”, buscamos otras manos, volvemos a las mismas, echamos de menos lo más insignificante. Alternamos las guarradas al oído con los sms románticos. El cariño no lo buscamos nosotros, pero sí nuestro subconsciente.
Por eso sé que desde mi soledad, esta noche querría a cualquiera sin querer a nadie más que a los que tengo lejos.

jueves, 15 de octubre de 2009

Pensamientos camino a Budapest

Me dirijo a Budapest en un autobús que circula, al igual que el resto de vehículos, como si la nieve en la carretera fuera el día a día de sus ruedas, preparadas para correr por superficies resbaladizas -y es que realmente lo es, esta evidencia me pasma-. Siendo vehículo adaptado para esto, hay calefacción y un chico que pasa ofreciéndote chocolate caliente amablemente. A los lados, llanuras en las que tierra y cielo se unen en un mismo color uniforme que se extiende a lo lejos; de vez en cuando se ven algunas casitas bajas que reciben la nieve en sus grandes tejados (me pregunto quién habitará esos entrañables hogares), y altos pinos que se elevan al cielo tomando la blanca carga que dobla sus ramas. Siete horas de viaje con un cuadro digno de ver tras la ventana, que curiosamente no se empaña.
Pienso que son asimismo curiosas las vueltas que tan rápido da la vida; la primera mañana de nieve en Praga y él amaneciendo de nuevo junto a ella. Como dije, nadie sabía lo que iba a pasar y era mejor no preguntárselo.
Por mi parte todo bien, mi corazón recién planchado y sonriente; él sabe que no volveré.

El día comienza a oscurecerse y me pregunto qué hora será; temprano seguro, pero no lo sé por la misma razón por la que tengo algo de sueño: nunca uso y reloj y mi móvil está apagado gracias a la noche de ininterrumpidas llamadas cortadas y sms escritos en una mezcla de checo y un burdo inglés lo suficientemente inteligibles para comprender que no los mandaba un checo amistoso.
He contenido mis ganas de enviar un simple FUCK YOU!, y sin embargo pienso en el triste cambio intercultural que tuvimos. No puedo quitarme de la cabeza el piso, el primer piso checo al que entro, tan pequeño y enmoquetado, lleno de cosas extrañas, como las figuras que él traía del teatro en que trabaja; tampoco la sensación de escuchar de fondo la TV en checo, como en cualquier casa de cualquier familia de este país. Estábamos tan bien bajo ese edredón gigante y mullido, con la que caía afuera, investigándonos, riéndonos, jugando, que lo echo de menos más de lo que nunca hubiera apostado. Nuestro inglés macarrónico, Lucie, Vojta, dáš mi pusu?, sus gestos de mimo, yo diciéndole alto: te-estás-a-tra-pan-DO!, the cocaíne, uaaau.
Siempre doy con chicos extraños. Los gestos atraviesan las fronteras lingüísticas y pude leer en el mar azul oscuro de sus ojos que se trataba de un todo o nada. Seguramente no volvería a jugar con sus casi albinas rastas que le llegaban hasta la cintura. Y lo peor es que pinchaba en uno de nuestros locales favoritos en la ciudad, y que ahora el habla checa y el pelo rubio me recordaban a él.

Salimos de Brno y ya es noche cerrada.

Lo poco que dormí anoche, estuve soñando con mi amigo. LLevo soñando con él desde que sus labios besaron mi piel de una forma diferente a como solían hacerlo. No sé si este tipo de historias entre la gente se deben a la falta de cariño consecuencia de la soledad o tan solo son... simples ganas de follar.
Aquí todo ocurre de una forma tan rápida e intensa como la velocidad con que ahora mismo atravieso países. Hemos salido de Bratislava y ya no nieva, pero la noche es más negra que la boca de un lobo, sin luna ni estrellas.
Como decía, esto se parece a una nueva adolescencia con madurez para afrontar los palos. Tengo tantos pájaros en la cabeza que me resulta absurdo y cómico, pero lo bueno es que en el fondo me da igual lo que pueda ocurrir.
Viajo en un bus con la compañía de siete desconocidos y la felicidad de la soledad vuelve a mí.
Él me dijo esta mañana: Eh, ¡eres LUCÍA! Desperézate y corre a Budapest, y ¡tráeme fotos!
LLevo encima la sensación de quemar kilómetros y aquel mensaje de mi socia en la cartera, para que no se me olvide nunca: Non esquezas que eres LIBRE, you're invisible now, you have no secrets.

domingo, 11 de octubre de 2009

viernes, 25 de septiembre de 2009


No hacemos más que salpicar estas paredes de lodo. Él se va un rato, vuela un rato; sus alas se sacuden los problemas, sonríe. Yo sólo pienso en que la ventana está ahí, tan grande, tan fácil de abrir, al alcance de mi mano; sólo tendría que coger el manillar, subirme a la mesilla y saltar afuera.
No es la primera vez que me muero de frío en Praga, con el sol que hace. Todavía no he bailado, ni he pedido un rosconlú con todos los dedos de las manos; no llevo ni una semana aquí y no hago más que incumplir mis promesas. Podríais darme cien collejas nelarienses, hacerme ver las cosas desde otra perspectiva como hacíamos desde el tejado, hablarme en contrapunto como Dabide o abrazarme como Azabache. Pero aquí no hay nada de eso, las collejas ya me las doy yo sola, y los abrazos también. No hay más que gente, gente, y tan pocas personas que no alcanzo siquiera a verlas. Y miro la ventana, tan predispuesta, tan asequible, y pienso que si algo he aprendido en estos meses es que si hay que volar, es mejor volar para siempre. Así que aquí me quedo, escuchando Unplugged in NY, echando de menos mi pelo, odiando la comida checa, riéndome de lo ridícula que parezco aquí sentada teniendo esta ciudad bajo mis pies, comiéndome las uñas, la cabeza, las entrañas. El dolor sólo genera más dolor, y mi organismo hace tiempo que ha sobrepasado su límite. Ahora sólo vomito, vomito de forma egoísta, pero mi estómago no lo aguanta. Claro que no soy lo que él esperaba, claro que no somos iguales, la diferencia radica en el tiempo. Yo era como él. Lo veo con su sonrisa, hecho polvo y no puedo cuidarlo. Va a ser verdad eso de que una vez di tanto amor que se me han agotado las existencias. Soy complicada, maleducada, hija de puta. Pero es que me revienta tanto…¿cuánto dolor le hará falta para acabar con su paciencia, cuándo entenderá que las situaciones no nos vienen impuestas, sino que las elegimos nosotros mismos? Aquí estamos, con las opciones en nuestras manos, sólo hay que decidir. Y miro la ventana y escojo aguantar un poco más, esperando poder trabajar para que llegue el día en que si las paredes se manchan, sea por vomitar un empacho de felicidad, no de lodo.
Si ese día no llega, hablaré con él; siempre podremos sacar la plancha, poner nuestros corazones encima de la mesa, bien colocaditos, y quitarles las arrugas, todos los surcos que se formaron cuando se encogían. Que yo lloro, se me cae el azúcar al suelo, el alma al suelo, pero muy dentro sé que no necesito que nadie me cuide. Y entre dolor y libertad, no volveré a escoger dolor. No lo haría nadie que haya aprendido que cuando vuelas, es mejor volar para siempre.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Fin de trayecto

Qué rápido ha pasado todo desde la caléndula. Estoy a un paso del cambio de decorado, a unas horas de notar el otoño enfriándome las pestañas.
¿Cómo será escuchar Even You desde allí, cómo será beber Notting Hill y respirar incienso en una habitación sin persiana? Tan lejos...Justo al lado contrario de donde el sol se pone.
Esta mañana cogí el tren de siempre, por última vez hasta dentro de mucho tiempo. Galicia es preciosa cuando llueve. No sé si estos días me pesan o el viento en la garganta empieza a arrastrarme, pero a veces parece que sólo podría curarme una de esas noches que amanecen desnudas junto a él, con paraguas, café y tabaco imaginario. Nunca van a volver, como todo lo demás.
Las ganas de comerme Europa se han quedado olvidadas entre los papeles, los objetos y las dudas.
¿Cómo será estrenar una vida nueva con todos sus accesorios?
¿Cómo será llegar a la meta sabiendo que es sólo el principio del resto para siempre?

domingo, 13 de septiembre de 2009











Tengo un nudo en el estómago que conecta con mis glándulas lacrimales cada vez que.

jueves, 10 de septiembre de 2009


Y echo por tierra todo, vuelvo a mis principios, quiero escapar, ver la nieve desde una ventana melancólica, escuchar Just like honey, A placed called home, All over the world, Green on blue y tantas otras, acurrucada cerca del radiador. Cortarme el pelo, comprarme unas orejeras, pasear sola sin entender una palabra de las conversaciones que me cruzo por las calles. Pintarme la cara y caminar mirando el cielo y las hojas de los árboles. Como todos estos años, reconstruir mi mundo a kilómetros, quizá pegar fotos por las paredes, hablar a gente que nunca volveré a ver. Hacer sola todo lo que quería hacer sola, echarle de mi vida de una vez por todas. “Adiós cariño, estos años comprimidos en meses han sido preciosos.”

Porque a veces se me olvida por qué somos especiales, aquellas palabras que una madrugada nos dejaron sin respiración.
Se me olvida que hay tantos momentos para recordar como si habláramos de años, se me olvidan la carcajada diaria, los abrazos, los “me da la impresión de que esta conversación exacta podríamos tenerla dentro de 36 meses”, los viajes, las canciones.
Se me olvidan la forma que tiene de acercarse, los planes, su mirada, aquellos conciertos, la sonrisa idiota que se nos ponía en la cara.
Se me olvida que fuimos tan felices que hubiéramos podido explotar en pedazos de alegría. Se me olvida que tras eso olvidé mis propios principios, y si un día hubo algo que me hizo olvidarlos, debía de ser algo demasiado bueno como para deshacerlo en retazos de memoria y guardarlo en un cajón sin siquiera haber visto juntos la nieve.

viernes, 28 de agosto de 2009

"Quédate a dormir, que pasen treinta años antes de mañana"

No te diste cuenta de que cuando entramos en aquella peluquería sonaba la canción más adecuada para esta noche (el pop-rock es lo que tiene, que se adapta a las delicadas situaciones personales de cada uno, a los romanticismos de supermercado). Pero sí, ojalá pasaran treinta años, la nieve tú y yo, Hío, la casita ático y las vacaciones en el sur, todo antes de mañana.

Porque no sé rebobinarte. No sin otro agujero en el pecho.

lunes, 24 de agosto de 2009

Cuando me quedo en silencio

El párrafo del libro que me enseñó en la playa hoy tarde, nuestra foto encima de la mesa y el documental que terminaré de ver esta misma noche, su odiosa música resonando en mi cabeza o aquella voz llorando que se mete en mis sueños… A veces pienso que podría irme y dejarlo todo así, colgando de un hilo para que cada cosa cayese por su propio peso en donde le corresponde. Sin embargo el barro hasta el cuello y esa felicidad a instantes de la que hablamos me hace quedarme y enroscarlo todo más y más, hasta que se convierte en una masa informe instalada en mi asombrado cerebro.

Un mes y medio, hoy él dijo que parecía que la palabra ‘calma’ no existe en nuestra relación y es cierto. A veces siento como si pasaran años en el transcurso de una tarde; cada vez que pienso en mí dos días atrás sé que ya soy una persona diferente.

No sé qué va ocurrir, tampoco quiero intentar intuirlo. Nadie tiene la más remota idea de lo que pasará cuando la nieve se instale en el alféizar de nuestras ventanas.
Hay días que me pregunto cómo sería un frío invierno con él; seguro que no cabría lugar a una pizca de hielo en la cavidad torácica. Apostaría dos costillas a que tras su calor, ninguna manta sería suficiente, aunque fuera una de esas bajo las que puedes desaparecer. Eso me pone tan triste, que pienso en correr a un parque donde la escarcha cubra mi nariz y los copitos de nieve se me enganchen en el pelo, frío y yo desnudos frente a frente.

Creo que necesito un respiro o esa sensación de qué hago aquí va a acabar conmigo. He pasado demasiados días exponiéndome y echo en falta unos pocos retazos de hogar.
Prometo que volveré preparada para vivir una nueva entrega de sucesos increíbles.

jueves, 13 de agosto de 2009


Puede que a pesar del sueño no haya pasado tanto tiempo porque todavía tengo el pelo mojado. Las horas se me alargan (preposición-pronombre) y me da pánico asumirlo.

Ayer volví a casa con los antebrazos oliendo a su ropa; hacía meses que no notaba eso que -ay...- me es tan familiar. Entrar en la habitación, comenzar a desvestirme, notar que aún impregna mi vestido, escuchar su voz resonando en mis oídos. Supongo que en el fondo siempre será; hasta destruido me inspira cariño...


Pero ahora estoy aquí. Tengo sueño o ganas de llorar, solo porque sí.
Siempre dices que lloro porque escucho canciones tristes... Tengo que confesar que esta vez ganaste, ahora suenan. Y peor aún, cursis.
Aquella luna llena lo primero que me dijiste fue: ¿Por qué me quieres tanto?
¿Por qué? Porque me haces sonreír cada día...
A lo mejor por eso es que hoy tengo ganas de llorar.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Catalejo en cuatrocientas veintidós palabras

Que no puedo hacer otra cosa que medir mis palabras y mis gestos, ambos sabemos las reglas del juego pero también que los límites en este terreno se confunden fácilmente (por la programación cerebral de la sociedad). Están bordeados por fuego, y si te dejas llevar un milímetro, te quemas. Confío en ti, y me aventuro a decir (y creo que no me equivoco), que tú también confías en mí. Pero no puedo hacer más que darte la mano y sellar mis labios, regalarte mi corazón sin decirte: “te regalo mi corazón”. Que no te das cuenta, pero Amigo, lo hago cada día, y si no lo pronuncio es porque el peso de las palabras es demasiado grande como para que seamos capaces de soportarlo sin quemarnos. Me encantaría vivir en una sociedad donde pudiera expresar todo lo que me haces sentir sin miedo a que ni los que me rodean, ni tú, ni yo misma me malinterprete. Sé que ambos conocemos las reglas, pero cómo decirte, cómo hablar sin que el resto crea. El resto me da igual, el resto nos da igual, los dos conocemos las reglas. Pero ambos pertenecemos al resto, ¿y si me quemo, y si te quemas? Confío en ti, confías en mí, cualquier malentendido será solucionado, tú en mi cama pronunciando: Te prometo que nunca te dejaré hablar, pase la tontería que pase. Las promesas no se rompen, ojalá no se te olvide si empiezo a pronunciar, ojalá no me malinterpretes si hablo, ojalá nunca nunca nos quememos. Porque confío en ti, tú me dices pronuncia, tú me dices abrázame, tú me dices confía. Y yo confío en que confíes y aquí me tienes, diciendo que me haces latir, que no dejes de abrazarme, que no dejes de confiar nunca. Que si he sido capaz de dejar de medir las palabras durante este rato, ha sido gracias a ti; sé que no dejarías que nos quemásemos.

lunes, 22 de junio de 2009

"Cross my heart and hope to die, I cannot tell a lie"

Arroja luz sobre mi mente, todo lo que pueda pasar ya no importa. Estoy sentada en una nube que me lleva donde sopla el viento frío, las noches se volverán temblores. ¿Me creerías si te dijera que está reescribiéndome? El tiempo se nos echa encima, ¿debería gritar en mayúsculas? ¿proyectar mi cabeza a una piscina de disolvente? Si me distraigo, me secuestra el instinto. Me siento tan cría cuando arropo su espalda con la mirada...

viernes, 19 de junio de 2009


Ella me desarma.

domingo, 14 de junio de 2009

It ain't me

Hay días en que la cama se torna inmensa, las paredes se alejan, pareces encontrarte en medio de un desierto de sábanas sin cielo estrellado. Hay días que añoras alguien molestándote alrededor, alguien con quien remolonear los amaneceres lluviosos.
Hay días en que la soledad se hace notar tanto, que casi parece tangible.
Y si intentas solucionarlo, ¿a qué se reduce la cosa? Terminas a las tantas de la mañana hablando de idioteces con un desconocido, jodida de frío, total para acabar con unos besos sin ninguna magia y puede que un polvo que sale fatal por la borrachera. Te levantas y ves que, además, el tío no es ni la mitad de mono ni de majo de lo que te había parecido por la noche. Y se empeña en volver a besarte...entonces recuerdas vagamente la conversación, y en realidad parece el típico chico sensible que quiere hacerte su novia a la mínima. Te entra el pánico, recoges todo rápido y "Ciao cariño, ya nos veremos..." Ni siquiera intercambias el móvil, ¿para qué?
Y te vas a tu casa pensando que lo único que te apetece es mandar un sms a tu mejor amigo, quedar con tus amigos, reír con tus amigos. Decir "Joder colega, ¡a la próxima llévame a casa por las orejas!"
Así que vuelves a tu habitación y siguen existiendo esos días tan largos, tan vacíos, que se extienden en las horas, que te hastían, te cansan, te matan. Y es en esos días cuando conversas con Bob, único hombre que permanece en tu cuarto ya nieve ya truene.
Hay días, hay días. "Hay tantos días como patatas", piensas. Tantos días sin él. Tantos meses sin él. Una vida entera sin él.
En realidad no quieres que vuelva, estás libre, sin raíces, con alas nuevas para volar. Hacía años que no te sentías así de bien, a pesar del desierto y los amaneceres lluviosos. Por eso en el fondo huyes de los chicos gritando: "It ain't me, babe!" cuando ves peligrar tu independencia. Y quieres llenar tu vida tú sola.

Bueno, tú sola y Bob, que cada mañana te guiña un ojo y se encarga de decirte bajito: "Siempre sin dirección a casa, no lo olvides preciosa."

jueves, 28 de mayo de 2009


Quería regalarte una utopía, un pedacito de cielo estrellado, un recuerdo inolvidable, unas palabras perfectas. Tú te mereces cualquier utopía imaginable. Creo que las escenas de película se nos quedaron dos años atrás con las acuarelas en la cara, la ilusión novicia, las noches incombustibles, la inocencia en la sonrisa, los conciertos, la magia y los amaneceres en pie sin estas horribles ojeras. Es curioso imaginar darte un codazo cariñoso y exclamar algo así como: "Che, nos hacemos viejos...", con apenas veintiún años en los bolsillos. Pero noto todo tan lejos, como si hubieran pasado décadas. En esta ciudad hemos aprendido más de lo que hubiéramos apostado nunca. Ahora lo veo todo desde arriba, como una cámara en el techo. Una vez leí que madurar consiste en darnos cuenta de que somos horribles. Bueno, la cámara graba lo peor de nosotros, pero también lo mejor. Y así podría contar una historia como la de nuestros encuentros y desencuentros, que cada día se consolida en algo más incorruptible. De tanto detestarte, he aprendido a quererte y a saber quererte. Y creo que casi sin que me diera cuenta te has convertido en alguien fundamental, un verdadero amigo. Por eso no podré regalarte una utopía, -además, eras tú el experto en escoger la canción perfecta-, pero sí a mí misma siempre y para siempre. Ya ves que no es mucho, los momentos de película vienen solos, pero siempre podremos observarnos como desde una cámara y reír. Sólo el hecho de volar con alguien como tú, me hace no desistir de querer coger la luna con las manos o tocar el horizonte. Sé que si a cualquiera de los dos se le rompe un ala en medio del Atlántico, el otro desde Oriente podrá gritar algo como "¡Algarrobas con piña chocolateadas!", y el viento se lo llevará para que sonrría con dos erres. Porque recordando que en el mundo hay personas como tú, la vida se percibe algo más linda.
Hemos aprendido y seguiremos aprendiendo, errores a cuestas, abrazos guardados...sólo puedo decir que me ha encantado aprender contigo y de ti. Que no cambies, que sigas persiguiendo tus propias utopías, porque al fin y al cabo, alguien dijo alguna vez que volar era imposible.

lunes, 11 de mayo de 2009


Dejando caer la noche sobre mis hombros, intento vanamente dejar de cuestionarme. Sólo necesito ese gesto, pero no va a ocurrir. No hay respuestas ni nadie que susurre que eso es lo de menos. Me gustaría tener varias vidas, como los gatos, o menos poéticamente, como los personajes de un videojuego. Así podría tirarme por acantilados a gusto, o pasarme días sin comer sin que nadie me mirara con aires de reprobación. Podría suicidarme y despertar una mañana fresca, respirar por primera vez, mirar el mundo ingenuamente.

Como no puedo matarme, lo que tengo dentro sólo puede salir en forma de gritos, de sexo, de puñetazos, de lágrimas. Qué lástima que casi se me haya olvidado cómo se hacen esas cosas.


lunes, 20 de abril de 2009


Sé que puedes sentirlo, sabes que puedo sentirlo. Eres el único que sabe que yo siempre quiero más, que nunca tengo suficiente. Eres la explosión que enciende mi combustión interna; dame peligro y seré tu esclava.


Lose control with me, soak in my youth.

lunes, 30 de marzo de 2009

Caléndula


Ni el mismo desencadenante ni la misma meta que Cecilia Lisbon, pero sí lo del cambio de decorado. Fue frívolo decirlo así, pero es cierto. Un puto cambio de decorado, un respiro sin final previsto.

Y entretanto, beberse la primavera londinense en una taza de té negro mientras suenan de fondo las canciones de su vida.

domingo, 15 de marzo de 2009

No puedo dormir, que el subconsciente me pone la zancadilla

La última vez que su foto estuvo al lado de mi almohada, la última vez que usé sus calcetines, la última vez que me puse su camiseta, la última vez que paseamos de la mano, la última vez que nos besamos, la última mirada antes de seguir bajo la lluvia, la última vez que lloré por nosotros, no la recuerdo.
Pero a veces, sobre todo al despertar, se me rompen la escoba y los esquemas. Algunas imágenes, sobre todo al despertar, se pasean por delante de mis ojos aunque las censure. ¿Cómo volver a la estación y no recordar las ocho de la mañana, el frío y el café, el tabaco? ¿Cómo volver a la estación y no recordar su abrazo, sus besos todavía latiendo en mi cara?
¿Cómo puedo vomitar de una sola vez el calor de tantos años?
Cada semana encuentro en el sitio más inesperado algún otro objeto relacionado con él, es tontería intentar recogerlos. Sólo en mi pequeña caja con forma de corazón caben todos los recuerdos de seis años.
Pero estoy tranquila. Día a día se va desvaneciendo como se desvanece la niebla nocturna al amanecer soleado, hasta que sólo quede fresco rocío en mi alma, no más esa nube que traía lágrimas a mis ojos. Entonces, podré verle y sonreír.
Y entonces también podré decir: La última vez que escribí sobre él, no la recuerdo.

Entretanto, he estado tratando de colarme bajo un cielo estrellado y robarlo para regalártelo, pero el camino se vuelve gelatina bajo mis pies y el cielo se me cae encima y me atrapa en su negritud.
Sólo puedo sostener un cielo tan grande si me das la mano, sólo en Ons.
Pero cuanto más te acercas a mi ritmo sanguíneo, menos te oigo.
Y entre apuntes y cafeína, te desdibujas como las espirales de humo de uno de tus cigarros. Cómo me gustaría tener entonces el arrojo de decirte:
Ven, olvida el protocolo y todo lo demás y cógeme, mastícame, retuérceme, apuñálame, sacúdeme, abrázame, grítame, absórbeme, salta sobre mí, acaríciame, lánzame contra la pared. Acércate y demuéstrame que eres real. Haz que mis setenta y dos besos y medio no se queden en veintidós grafías sin fondo.
Y es que creo que una cerveza no me basta. La penumbra de la noche, el sol de la mañana: eso es lo que quiero compartir contigo.

domingo, 8 de marzo de 2009



Como una lavadora que tiñe todo de color
El mundo parece una compañía de teatro
La estación más puta llega, tierna edad en flor
Mañana es nueve del tres de mil novecientos noventa y cuatro



domingo, 1 de marzo de 2009

Fresas adobadas y melón en vinagre

Hoy estuve en la parte más alta de la alameda. Todo es tan solitario los domingos... sólo había algún fotógrafo, ancianos paseando y pandillitas de adolescentes fumando medio escondidos. Las ramas de los árboles se alzaban retorcidas al cielo y tapaban las vistas a La Catedral, pero se podían oír las campanadas. El viento me removía el pelo y las manos se me estaban quedando heladas, un perro ladró a lo lejos. Y en medio de todo eso empecé a escribirte un sms, no sé bien por qué motivo ni por qué a ti, supongo que por una banalidad tal como tener sms y llamadas gratis. "Qué triste- decía- que las comunicaciones nos hagan mirar la pantalla del móvil en lugar del paisaje, pero me alegro de compartir contigo algunos momentos especiales aunque sea a distancia". Y en ese preciso minuto al móvil se le acabó la batería y se borró el sms antes de enviarlo. Qué apropiado.
Luego empezó a llegar más gente y mi tranquilidad comenzaba a turbarse, así que me levanté y me fui. Y ahora estoy en casa, escuchando Nothingman -qué bonita es- , escribiéndote no sé bien por qué motivo ni por qué a ti.
No importa. Me siento bien, melancólica por las nubes, pero bien. Necesitaba salir a la calle para algo más que hacer la compra o ir a la biblioteca.
Mañana iré a entregar el papeleo de la beca Erasmus y sólo quedará esperar la contestación para decidir si me voy o no. Mañana lo entrego y pasan los días y cada vez veo más turbio lo que me espera. Hay días en que quiero correr lejos y hay días en que parezco esperar que alguien me diga: quédate aquí conmigo. Supongo que en el fondo daría igual si yo no decidiera, pero el hecho de que esté en mis manos hace que me preocupe por tomar una decisión de la que pueda arrepentirme. Todo sería más fácil si alguien me dijese: lo que debes hacer es quedarte/irte, te aseguro que todo irá bien. Pero naturalmente nadie dirá nada (en el fondo lo agradezco), ni nadie puede asegurar que las cosas vayan bien. Al fin y al cabo todo quedará al azar, supongo que las cosas irán bien y mal esté aquí o allá y simplemente acabaré asumiendo las consecuencias de lo que elija sin arrepentirme, como siempre.
Pero cómo me fastidia pensar en ti y ver que tienes la fuerza de ser tan tranquilo, de dejar que todo fluya sin pensar en qué pasará. Si no es así al menos es la impresión que me transmites últimamente cuando nos vemos. Por otro lado me alegra verte relajado porque quizá se me contagie, aunque no sé si lo consigo o sólo hace que me frustre.
Ahora sería genial que estuvieses aquí, en mi habitación, y bailásemos.
Creo que ya sé por qué motivo te escribo, y por qué a ti. Y es que sé que diga lo que diga me entenderás; mejor o peor, pero lo harás.

lunes, 23 de febrero de 2009

Memoria

A veces la cama se vuelve inmensa, esperpéntica, alargo los miembros y me pierdo en un páramo blanco y helado de sábanas vacías. Pienso en él ahogándome como una boa apunto de engullirme, en nuestras almas arrojadas a un cuarto destartalado, unidas por el mismo deseo; en mi mente corriéndose en sus retinas, en los desperdicios de nuestro amor.
Ahora eso ya no importa. Todo se quedó en el tren, de camino a casa.
Pero cómo arrancarle de una canción, cómo impedir que su imagen se proyecte en las paredes del cuarto cuando cae la noche, son cosas que todavía no sé hacer bien.
Me quedan muchos días corriendo calle abajo, dando patadas al aire, paseando mi juventud, bailando bajo las estrellas, oliendo la hierba, notando el sabor de la sal en los labios, riéndome por la mañana temprano: muchos días de feliz soledad hasta que consiga quedarme tranquila sin ir corriendo a cuidarlo cuando me dice: estoy enfermo.
Muchos días hasta que mis dedos paren de intentar colarse por la garganta hasta el cerebro para arrancar la parte de él donde reside la memoria.

viernes, 20 de febrero de 2009

El imposible yo

Tengo una irrefrenable manía persecutoria contra mí misma. Que me quiero mutilar, que me quiero adornar más, que me quiero dejar como estoy; que quiero verme como en el pasado o avanzar en el futuro. Cambio de idea cada día, me miro en el espejo y me reconozco a ratos. Yo y mi locura desordenada de intentar combinar en un solo aspecto todo lo que está dentro de mi cabeza. A veces reboso optimismo, otras, como ahora, me parece imposible. Y me quiero mutilar, me quiero adornar más, me quiero dejar como estoy; quiero retroceder al pasado o avanzar en el futuro.

Deberían quitarme de la vista todos los objetos cortantes, porque cualquier día en lugar de recortarme el pelo o tirar de las pulseras y lanzarlas contra la pared, me saco un ojo para reflejar en mi cara una maldita metáfora.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Paraguas para días soleados

Desgraciadamente, augurar tormenta es la forma de que la lluvia no te sorprenda en medio del picnic.

Y una cosa es bailar desnuda, pero dejar que tu piel transparente los órganos y los huesos es correr un riesgo demasiado alto.

domingo, 15 de febrero de 2009

Esas cosas que tenemos ahí delante y que por algún extraño motivo no alcanzamos a ver


Hoy ella me dijo:
- Nunca has tenido una oportunidad tan buena como ésta, nunca lo has tenido más fácil.

Y es cierto.

Ahora, sal y limón.


domingo, 8 de febrero de 2009

Una nariz rota y más motivos para seguir viviendo

Paso los días empeñando mis fuerzas en hacerme todavía más volátil. Y de tanto tentar tirarme por la ventana hacia nuevos mundos, al final he resbalado y me he dado con el suelo en todas las narices (por suerte sigue siendo una alargada nariz de bruja).

A veces me disfrazo de chica dura (no da mucho resultado) y hago como que tiro por el wc los recuerdos y los miedos. Pero no puedo quitarme de la cabeza esa frase "Cada día es el primer día del resto de nuestras vidas", y tengo un vértigo horrible. No es un vértigo de los de tengo miedo a caer, sino más bien de los de he subido hasta aquí y ahora no sé bajar. ¿Y si no hay retorno?

De niña, siempre soñaba con hacerme pirata al crecer. Mujer independiente en un mundo de hombres, siempre viajando por un peligroso océano inmenso, sin rumbo. Libre, siempre libre y sin ataduras.
Hoy día sigo soñando con lo mismo, y a poco de conseguirlo he estado alguna vez. Pero se ve que es imposible llevar una vida así cuando yo misma me relío las cuerdas por el cuerpo en cuanto las tengo a la vista.

En fin, supongo que todos somos un poco contradictorios. Algún día conseguiré saltar por la ventana y no darme con el suelo en las narices. Pero mientras tanto, equivocación sobre equivocación, persona defectuosa, inútil, pálida y con ojeras, pensando en enfermedades psicosomáticas y demás incordios, con alguna lágrima irritando los orgullosos ojos de vez en cuando... No importa, eso es lo de menos. Eso me demuestra que cuando mi nariz sangra, mi Tejado es capaz de preparar pociones maravillosas que calman la hemorragia. Y la verdad es que así, da gusto caerse.

jueves, 5 de febrero de 2009

¿Cogerías de un vuelo mis lunas en vela?


Te regalo este aeroplano y mis noches insomnes. Fíjate que está en un cielo muy azul, sin una nube.
Estoy segura de que tú sabrás qué hacer con ello, porque pasan las horas y yo, sin embargo, sólo sé inquietarme, pintarme los labios, revestir el silbido del viento nocturno con Ghosts and Flowers y arremolinarme entre las sábanas mientras, estática, observo el avión en cuestión con cara de chiflada, ¿qué te parece?
Anda, llámame tonta otra vez.

viernes, 30 de enero de 2009

Enero, pensar sobre mojado

No para de llover sobre el mismo asfalto gris, las mismas casas tristes. De vez en cuando retuerzo mi corazón para que suelte el agua pero permanece empapado; borrasca sobre borrasca y siempre empapado.
Días fríos y oscuros, noches largas, gotas repiqueteando en el alféizar de la ventana. Tu voz al otro lado del teléfono, de la ciudad. Mis cavilaciones, mis trabajos, mis culpas, tu entrecejo fruncido. El salón sucio, la comida en el fuego, el tedio. Los trastos de la habitación, la lavadora, el mismo escenario mojado tras las ventanas. La angustia, la bolsa con sus cosas que aún no me atrevo a tocar, tu voz al otro lado del teléfono, la ciudad. Las dudas, las culpas, la cama deshecha, la inevitable cabeza pensando en sus abrazos. La resaca y los recuerdos difusos, las bibliotecas atestadas, los charcos. Las goteras, la desazón, los días que parecen domingos, menos mal que la risa. Su ausencia, tu entrecejo fruncido, los amigos que nunca veo, las culpas. Los trabajos, los viajes programados, las noches de alcohol, los trastornos del sueño, mis cavilaciones. Y siempre tu voz al otro lado del teléfono, y siempre mi cabeza pensando en sus abrazos.

martes, 20 de enero de 2009

Granizadas estomacales

Hace un rato la imagen ha caído en mi estómago como la granizada de diez minutos que hemos podido ver desde las ventanas de la facultad. Por un momento todo se quedó oscuro, pero ha vuelto la luz a las aulas.
Yo también estoy algo oscura, y ya van dos veces que me amenazan con darme una leche, pero creo que lo estoy haciendo bien esta vez. La luz es débil pero está ahí al fin y al cabo.
Ahora se abren cientos y cientos de caminos que se bifurcan, pero de momento voy a dejar que se sucedan los acontecimientos, no quiero equivocarme y acabar entre las zarzas.

PD: gracias otra vez, porque Vosotras tenéis gran parte de culpa de que mi lux siga ahí, encendida en la tormenta :)

Torpes hábitos post-hecatombianos

A cinco días de la tragicomedia, parecía como si hubiesen pasado cinco minutos.

El póster de Dylan se ha caído al suelo dos veces en un mes, creo que esa pared es demasiado fría este invierno para aguantar ahí pegado. Como Dylan, me pregunto si yo aguantaré el frío de estos meses sin largarme.

Bien, sus calcetines estaban encima del radiador, así que los escondí para no verlos. Más tarde, por fin tuve el valor de sacarlos de su escodite...pero no me los podré poner en un período de tiempo que podría llegar a ser jamás. Sin embargo la pulsera de plata se fue por sí sola hace dos noches, y eso que pretendía llevarla siempre pasase lo que pasase. A lo mejor quería comunicarme que es hora de que me deshaga de todo lo que me traiga recuerdos...en fin, la he puesto sobre otro recuerdo más, a espera de su arreglo. Pero no son los recuerdos de mi habitación los que me preocupan ahora, sino los que se amontonan en mi cerebro, en mi misma piel, en cada movimiento. De esos sí que no puedo deshacerme tan fácilmente.

Así que he estado pensando en el sol, en sobredosis de sirope al sol, en una pradera verde. Pero cada día amanece gris y lluvioso, y ahora que Eme me comprende, es más difícil darle sentido a la lluvia. Buscando el lado positivo como siempre hacemos, supongo que miraré al cielo a la espera de las gotas en mi cara que mitiguen el dolor de las heridas.

También he pensado en el mar, en el mar abierto y los acantilados y la arena fría en las plantas de los pies, pero para eso debemos viajar, lo que no es mala idea en absoluto...¿qué dirías a eso, Eme?

Pero sobretodo he pensado en ellas, en Cilla y en Golfa, porque son la única sonrisa que tengo asegurada en los próximos meses.

Y las noches son tan largas...y los días son tan duros..que a veces quisiera llorar y que de mis ojos saliera hasta la última gota que hay de ti en mi cuerpo.

A veces quisiera quedarme dormida y no despertar hasta que seas tú quien me tira de la cama sin querer, y no el estúpido aire que me sobra.

Voy a romper la cuerda floja aunque caigamos al vacío.

jueves, 15 de enero de 2009

¿Cómo comenzar?

Así, comiéndome la única llave que abre mi auto-jaula improvisada e impuesta a conciencia, odiando sentir, existir incluso. Maldiciendo no tener una página en blanco a la que acudir que no sea ésta, planteándome si cortarme o no el pelo de nuevo y acabar con todo, pensando que haberme levantado con el pie izquierdo y ocurrírseme la idea de cortarme el pelo justamente hoy no era una mera coincidencia. Sin lágrimas, no sabiendo si mi jaula es más efectiva de lo que pienso o es que las gasté todas durante estos años. Sin saber siquiera si tengo sueño o hambre o conciencia. Viendo cómo la habitación se hace muy grande y muy pequeña intermitentemente, sosteniendo el techo con los brazos, despidiéndome del mundo, muda, intentando también ser sorda y ciega, como esos dibujos que le gustaban. Escribiendo mal, indiferente, y malgastando la noche en intentos fallidos de expulsar el dolor tecleando estupideces y sabiendo que en realidad no sirve de nada porque seguirá ahí. Asombrándome de lo absurda que es la vida a 14 de enero. Dando las gracias por tener el cuerpo de una pieza aunque dentro haya un puré de órganos y huesos. Queriendo quemar todo lo que me hace acordarme, a punto de vomitar. A punto de vomitar, explotar y volatilizarme. Odiando sentir, existir incluso.

Sobreviviendo a ti, sobreviviendo a mí. Sobreviviendo al fin y al cabo, y supongo que eso es lo importante de toda esta mierda.
Porque mañana me levantaré y coseré los agujeros en el estómago. Mañana me levantaré y pintarrajearé mi cara ojerosa. Mañana me levantaré siendo un poco más dura que hoy, como cada absurdo día que va pasando.
No quiero que los barrotes se incrusten hasta clavarse de por vida en mi corazón y me convierta en una piedra, pero ¿cómo intentar sino levantarse mañana?
En fin, cuando no tienes nada, no tienes nada que perder.
Siempre sin dirección a casa, así comienzo.