No para de llover sobre el mismo asfalto gris, las mismas casas tristes. De vez en cuando retuerzo mi corazón para que suelte el agua pero permanece empapado; borrasca sobre borrasca y siempre empapado.
Días fríos y oscuros, noches largas, gotas repiqueteando en el alféizar de la ventana. Tu voz al otro lado del teléfono, de la ciudad. Mis cavilaciones, mis trabajos, mis culpas, tu entrecejo fruncido. El salón sucio, la comida en el fuego, el tedio. Los trastos de la habitación, la lavadora, el mismo escenario mojado tras las ventanas. La angustia, la bolsa con sus cosas que aún no me atrevo a tocar, tu voz al otro lado del teléfono, la ciudad. Las dudas, las culpas, la cama deshecha, la inevitable cabeza pensando en sus abrazos. La resaca y los recuerdos difusos, las bibliotecas atestadas, los charcos. Las goteras, la desazón, los días que parecen domingos, menos mal que la risa. Su ausencia, tu entrecejo fruncido, los amigos que nunca veo, las culpas. Los trabajos, los viajes programados, las noches de alcohol, los trastornos del sueño, mis cavilaciones. Y siempre tu voz al otro lado del teléfono, y siempre mi cabeza pensando en sus abrazos.
viernes, 30 de enero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
Granizadas estomacales
Hace un rato la imagen ha caído en mi estómago como la granizada de diez minutos que hemos podido ver desde las ventanas de la facultad. Por un momento todo se quedó oscuro, pero ha vuelto la luz a las aulas.
Yo también estoy algo oscura, y ya van dos veces que me amenazan con darme una leche, pero creo que lo estoy haciendo bien esta vez. La luz es débil pero está ahí al fin y al cabo.
Ahora se abren cientos y cientos de caminos que se bifurcan, pero de momento voy a dejar que se sucedan los acontecimientos, no quiero equivocarme y acabar entre las zarzas.
PD: gracias otra vez, porque Vosotras tenéis gran parte de culpa de que mi lux siga ahí, encendida en la tormenta :)
Yo también estoy algo oscura, y ya van dos veces que me amenazan con darme una leche, pero creo que lo estoy haciendo bien esta vez. La luz es débil pero está ahí al fin y al cabo.
Ahora se abren cientos y cientos de caminos que se bifurcan, pero de momento voy a dejar que se sucedan los acontecimientos, no quiero equivocarme y acabar entre las zarzas.
PD: gracias otra vez, porque Vosotras tenéis gran parte de culpa de que mi lux siga ahí, encendida en la tormenta :)
Torpes hábitos post-hecatombianos
A cinco días de la tragicomedia, parecía como si hubiesen pasado cinco minutos.
El póster de Dylan se ha caído al suelo dos veces en un mes, creo que esa pared es demasiado fría este invierno para aguantar ahí pegado. Como Dylan, me pregunto si yo aguantaré el frío de estos meses sin largarme.
Bien, sus calcetines estaban encima del radiador, así que los escondí para no verlos. Más tarde, por fin tuve el valor de sacarlos de su escodite...pero no me los podré poner en un período de tiempo que podría llegar a ser jamás. Sin embargo la pulsera de plata se fue por sí sola hace dos noches, y eso que pretendía llevarla siempre pasase lo que pasase. A lo mejor quería comunicarme que es hora de que me deshaga de todo lo que me traiga recuerdos...en fin, la he puesto sobre otro recuerdo más, a espera de su arreglo. Pero no son los recuerdos de mi habitación los que me preocupan ahora, sino los que se amontonan en mi cerebro, en mi misma piel, en cada movimiento. De esos sí que no puedo deshacerme tan fácilmente.
Así que he estado pensando en el sol, en sobredosis de sirope al sol, en una pradera verde. Pero cada día amanece gris y lluvioso, y ahora que Eme me comprende, es más difícil darle sentido a la lluvia. Buscando el lado positivo como siempre hacemos, supongo que miraré al cielo a la espera de las gotas en mi cara que mitiguen el dolor de las heridas.
También he pensado en el mar, en el mar abierto y los acantilados y la arena fría en las plantas de los pies, pero para eso debemos viajar, lo que no es mala idea en absoluto...¿qué dirías a eso, Eme?
Pero sobretodo he pensado en ellas, en Cilla y en Golfa, porque son la única sonrisa que tengo asegurada en los próximos meses.
Y las noches son tan largas...y los días son tan duros..que a veces quisiera llorar y que de mis ojos saliera hasta la última gota que hay de ti en mi cuerpo.
A veces quisiera quedarme dormida y no despertar hasta que seas tú quien me tira de la cama sin querer, y no el estúpido aire que me sobra.
Voy a romper la cuerda floja aunque caigamos al vacío.
El póster de Dylan se ha caído al suelo dos veces en un mes, creo que esa pared es demasiado fría este invierno para aguantar ahí pegado. Como Dylan, me pregunto si yo aguantaré el frío de estos meses sin largarme.
Bien, sus calcetines estaban encima del radiador, así que los escondí para no verlos. Más tarde, por fin tuve el valor de sacarlos de su escodite...pero no me los podré poner en un período de tiempo que podría llegar a ser jamás. Sin embargo la pulsera de plata se fue por sí sola hace dos noches, y eso que pretendía llevarla siempre pasase lo que pasase. A lo mejor quería comunicarme que es hora de que me deshaga de todo lo que me traiga recuerdos...en fin, la he puesto sobre otro recuerdo más, a espera de su arreglo. Pero no son los recuerdos de mi habitación los que me preocupan ahora, sino los que se amontonan en mi cerebro, en mi misma piel, en cada movimiento. De esos sí que no puedo deshacerme tan fácilmente.
Así que he estado pensando en el sol, en sobredosis de sirope al sol, en una pradera verde. Pero cada día amanece gris y lluvioso, y ahora que Eme me comprende, es más difícil darle sentido a la lluvia. Buscando el lado positivo como siempre hacemos, supongo que miraré al cielo a la espera de las gotas en mi cara que mitiguen el dolor de las heridas.
También he pensado en el mar, en el mar abierto y los acantilados y la arena fría en las plantas de los pies, pero para eso debemos viajar, lo que no es mala idea en absoluto...¿qué dirías a eso, Eme?
Pero sobretodo he pensado en ellas, en Cilla y en Golfa, porque son la única sonrisa que tengo asegurada en los próximos meses.
Y las noches son tan largas...y los días son tan duros..que a veces quisiera llorar y que de mis ojos saliera hasta la última gota que hay de ti en mi cuerpo.
A veces quisiera quedarme dormida y no despertar hasta que seas tú quien me tira de la cama sin querer, y no el estúpido aire que me sobra.
Voy a romper la cuerda floja aunque caigamos al vacío.
jueves, 15 de enero de 2009
¿Cómo comenzar?
Así, comiéndome la única llave que abre mi auto-jaula improvisada e impuesta a conciencia, odiando sentir, existir incluso. Maldiciendo no tener una página en blanco a la que acudir que no sea ésta, planteándome si cortarme o no el pelo de nuevo y acabar con todo, pensando que haberme levantado con el pie izquierdo y ocurrírseme la idea de cortarme el pelo justamente hoy no era una mera coincidencia. Sin lágrimas, no sabiendo si mi jaula es más efectiva de lo que pienso o es que las gasté todas durante estos años. Sin saber siquiera si tengo sueño o hambre o conciencia. Viendo cómo la habitación se hace muy grande y muy pequeña intermitentemente, sosteniendo el techo con los brazos, despidiéndome del mundo, muda, intentando también ser sorda y ciega, como esos dibujos que le gustaban. Escribiendo mal, indiferente, y malgastando la noche en intentos fallidos de expulsar el dolor tecleando estupideces y sabiendo que en realidad no sirve de nada porque seguirá ahí. Asombrándome de lo absurda que es la vida a 14 de enero. Dando las gracias por tener el cuerpo de una pieza aunque dentro haya un puré de órganos y huesos. Queriendo quemar todo lo que me hace acordarme, a punto de vomitar. A punto de vomitar, explotar y volatilizarme. Odiando sentir, existir incluso.
Sobreviviendo a ti, sobreviviendo a mí. Sobreviviendo al fin y al cabo, y supongo que eso es lo importante de toda esta mierda.
Porque mañana me levantaré y coseré los agujeros en el estómago. Mañana me levantaré y pintarrajearé mi cara ojerosa. Mañana me levantaré siendo un poco más dura que hoy, como cada absurdo día que va pasando.
No quiero que los barrotes se incrusten hasta clavarse de por vida en mi corazón y me convierta en una piedra, pero ¿cómo intentar sino levantarse mañana?
En fin, cuando no tienes nada, no tienes nada que perder.
Siempre sin dirección a casa, así comienzo.
Sobreviviendo a ti, sobreviviendo a mí. Sobreviviendo al fin y al cabo, y supongo que eso es lo importante de toda esta mierda.
Porque mañana me levantaré y coseré los agujeros en el estómago. Mañana me levantaré y pintarrajearé mi cara ojerosa. Mañana me levantaré siendo un poco más dura que hoy, como cada absurdo día que va pasando.
No quiero que los barrotes se incrusten hasta clavarse de por vida en mi corazón y me convierta en una piedra, pero ¿cómo intentar sino levantarse mañana?
En fin, cuando no tienes nada, no tienes nada que perder.
Siempre sin dirección a casa, así comienzo.
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