domingo, 7 de febrero de 2010

One step away from nothing, miles away from you

Estos días no paro de tener sueños especialmente instintivos. Seguro que a Ce le encantaría escucharlos. Y no sé si es por ellos, que hoy lo siento todo rojo, rojísimo. Anoche logré no ir allí, pero luego perdí esa apuesta contra mí misma y el resultado ha sido el que esperaba: NADA. Tyler ha sido la aspirina pero él no lo sabe.
Hoy no puedo ir al teatro ni a pasear por las calles, ni siquiera escribir. El español de América y sus múltiples apartados me esperan en celulosa. Así que aquí estoy, habitación compartida y ella no acepta como verdadero cualquier pensamiento que no sea el suyo propio, aunque no sepa de qué va el asunto. La ópera me la trajo a la mente en más de una ocasión. Eso no hace nada llevaderas las horas entre estas cuatro paredes... y yo sólo quiero hundirme en la carnosidad de aquellos labios.

miércoles, 27 de enero de 2010

She's not anyone

Ela fala por min, converteuse na miña boca cando a miña non se lembra de como se articula. Cando sinto que as luces do ceo apáganse e tan só podo ollar pola fiestra ás de miles de salóns quentes dun barrio soviético é cando a miña mente voa cara a universos descoñecidos e non podo determinar en que nube descansan as miñas ás. É entón cando a miña alma aliméntase de centos de lembranzas e plans, de reflexións ou de neve, e tan só estou tan chea que non sei describir que ou como sinto, que preciso da súa voz para falar, que me noto máis finita e real que nunca, incorrecta e mortal…muda. Lémbrome daquela tarde na que me dixo “Lu, estás nevada”, e era certo. Dos “fracias” e dos “fenadas”, de miles de palabras que nos levaron ata as estrelas en avións de papel. E só podo sorrir porque sei que cando soa Jim Morrison a este lado do continente e meu corazón bombea máis aprésa, ela escoita voces que lle susurran “bululú” e sabe que estou pensando nela. É capaz de acoplar o pulso dos seus sentimentos ao compás dunha poesía, de capturar o ritmo dos pensamentos en palabras cargadas de alma e arropadas polo silencioso ruido das noites. Ela fala por min cando son muda, e tan só podo deixarme levar pola súa voz cara os instintos e emocionarme.

miércoles, 20 de enero de 2010


Me duele la cabeza. Es lo único que hoy tengo claro aparte de que por fin comienza a anochecer a las cinco. Ella ha venido, deberíamos ir al centro, al Duende a tomar algo, sacudirnos el polvo de Hostivař. Tengo los hombros llenos.
Mientras, no sé si esperar a que llame o proponerle un plan, no sé si ir a un pueblo desconocido viernes noche en su busca. O decirle que me lleve con él. No importa, sé que no debería hacer nada, pero por eso lo hago o pienso en hacerlo. No me importa darme un golpe (o incluso, hace un tiempo, que me lo dieran). Ayer Rivqa y yo hablábamos de que cada vez nos hacemos más inmunes a las personas, a eso que llaman amor. Me imaginé con ella en esa cama y me pareció curioso que su nombre sea precisamente el que es.
Esta noche todo el mundo vuelve a ir a una fiesta preparadita y especialmente turística para los erasmus, en el Mecca ("the house of the house" según una descripción de prague.net) Pero yo no tengo ganas de meterme ahí y marearme, sonreír, saludar. Prefiero marearme en cualquier antro donde perder la cabeza moviéndome a ritmo drum & bass. O comportarme como un proyecto de señorita e ir a un club de jazz de una maldita vez.
Hoy Duardet me ha recordado aquel plan que teníamos. Me gusta jugar, pero a estas alturas todo es demasiado real como para impregnarnos de irrealidades. Ya nada es lo que era. Y dice que he cambiado, pero solo se trata de que ahora no soy sólo la chica que bailaba a los hombros de alguien que no recuerda, la que se reía de cómo lanzábamos naranjas a las señales. Además necesito toneladas de espacio… como Rivqa decía ayer, “disfrutar del echar de menos”.
Joder, mi cabeza.
Ya está. Voy a tomarme una pastilla y coger la barra de labios para un poquito de frivolidad erasmus: quejémonos de no saber a qué fiesta ir (que mientras seguiré preguntándome cuándo hacer los exámenes o si debo decir algo al Sr.V, con él ya he tenido meses y meses para pensar en si querría pegarme, desdeñarme, o disfrutar del echar de menos).

jueves, 14 de enero de 2010

Hemos vuelto a desembocar en elipsis y

has desaparecido en la última forma en que podía llegar a ti desde aquí. Estaría bien contarte cómo la nieve me llega hasta las rodillas, o mirarme en el espejo y pensar en tu boca y no en este frío al ver mis labios destrozados.
Pero qué más da eso si lo único que me importa de verdad es que mantengas la sonrisa puesta como sabes, como yo en esta habitación escuchando a mis vecinos a las tantas de la madrugada tocar borrachos the lion sleeps tonight. Para que luego digan que los alemanes se acuestan temprano o que puedes sobrevivir a una Erasmus sin echarte un poco a perder.
Sigo diciendo que deberías visitar esta ciudad al menos una vez en la vida, alegra los días sobrevolarla. Y nada más. Creo que ya sabes que siempre me gustan nuestros renglones, incluidos los puntos y aparte.

martes, 5 de enero de 2010

You were so lovely yesterday!

Science and progress don't speak as loud as my heart, además recuerdo esa playa lluviosa y a Joe imaginándonos encima de la grúa amarilla. La voz de aquella chica era preciosa, como la noche de diciembre sin farolas, en medio de esa roca escuchando el mar y escrutando un horizonte negrísimo.
¿Existirá la manera de escapar a una mirada? Cuando he vivido fuera del sinsentido ha terminado por ser una farsa. Se perdía descalza entre las cuevas y acababa sangrando por los pies, ¡pero todas ellas han sido la misma! Así que vuelve la imagen del gigante a mis ojos…y en estos días nublados, stýská se mi zvuk české.

lunes, 4 de enero de 2010


And all is just 'cause u were the first song with east soundz...?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Tira y afloja

Hoy me han contado una fábula checa. Dice ésta que un gato y un pollo se encuentran. Cuando el gato se acerca, el pollo echa a correr. Cuando el gato se queda quieto, el pollo se acerca a molestarlo diciendo pío, pío, pío. ¿La moraleja? Todos nosotros, gatos hambrientos, deseamos el pollo, pero para eso hay que tener constancia y frialdad.
Lo que he notado entonces, como una evidencia encontrada por sorpresa, es que tú y yo no tenemos ni constancia ni frialdad, sólo hambre. Así que nos buscamos mutua e inevitablemente y ninguno se convierte en pollo asustado, a diferencia de lo que sucede en el mecanismo social típico y absurdo al que yo suelo llamar “perro del hortelano” en lugar de “gato y pollo” (nótese que el perro es lo que aquí sería el pollo). Me gusta más nuestro juego. Porque si un día alguno echa a correr, sabremos que como gatos, hemos sobrepasado la distancia adecuada
. Pero a diferencia de los pollos, cuando yo echo a correr una vez, no suelo volver con el pío, pío. Y es que no me gustan esas tensiones de tira y afloja, prefiero que ambos nos acerquemos hasta la insostenibilidad, y llegados ahí, desaparecer por necesidad tan solo.
Así que llegar a la insostenibilidad es el único punto preocupante de nuestra fábula, y muy calculadoramente he hecho que desaparezca decidiendo que no existen los
meses, ni los 30 de junio, ni siquiera hoy. Sólo existe ahora, y ahora, impaciente e insaciable como un gato hambriento, quiero acercarme a ti sólo porque sé que lejos de correr, responderás mordiendo con más fuerza.