Estos días no paro de tener sueños especialmente instintivos. Seguro que a Ce le encantaría escucharlos. Y no sé si es por ellos, que hoy lo siento todo rojo, rojísimo. Anoche logré no ir allí, pero luego perdí esa apuesta contra mí misma y el resultado ha sido el que esperaba: NADA. Tyler ha sido la aspirina pero él no lo sabe.
Hoy no puedo ir al teatro ni a pasear por las calles, ni siquiera escribir. El español de América y sus múltiples apartados me esperan en celulosa. Así que aquí estoy, habitación compartida y ella no acepta como verdadero cualquier pensamiento que no sea el suyo propio, aunque no sepa de qué va el asunto. La ópera me la trajo a la mente en más de una ocasión. Eso no hace nada llevaderas las horas entre estas cuatro paredes... y yo sólo quiero hundirme en la carnosidad de aquellos labios.

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