Que no puedo hacer otra cosa que medir mis palabras y mis gestos, ambos sabemos las reglas del juego pero también que los límites en este terreno se confunden fácilmente (por la programación cerebral de la sociedad). Están bordeados por fuego, y si te dejas llevar un milímetro, te quemas. Confío en ti, y me aventuro a decir (y creo que no me equivoco), que tú también confías en mí. Pero no puedo hacer más que darte la mano y sellar mis labios, regalarte mi corazón sin decirte: “te regalo mi corazón”. Que no te das cuenta, pero Amigo, lo hago cada día, y si no lo pronuncio es porque el peso de las palabras es demasiado grande como para que seamos capaces de soportarlo sin quemarnos. Me encantaría vivir en una sociedad donde pudiera expresar todo lo que me haces sentir sin miedo a que ni los que me rodean, ni tú, ni yo misma me malinterprete. Sé que ambos conocemos las reglas, pero cómo decirte, cómo hablar sin que el resto crea. El resto me da igual, el resto nos da igual, los dos conocemos las reglas. Pero ambos pertenecemos al resto, ¿y si me quemo, y si te quemas? Confío en ti, confías en mí, cualquier malentendido será solucionado, tú en mi cama pronunciando: Te prometo que nunca te dejaré hablar, pase la tontería que pase. Las promesas no se rompen, ojalá no se te olvide si empiezo a pronunciar, ojalá no me malinterpretes si hablo, ojalá nunca nunca nos quememos. Porque confío en ti, tú me dices pronuncia, tú me dices abrázame, tú me dices confía. Y yo confío en que confíes y aquí me tienes, diciendo que me haces latir, que no dejes de abrazarme, que no dejes de confiar nunca. Que si he sido capaz de dejar de medir las palabras durante este rato, ha sido gracias a ti; sé que no dejarías que nos quemásemos.
miércoles, 5 de agosto de 2009
lunes, 22 de junio de 2009
"Cross my heart and hope to die, I cannot tell a lie"
Arroja luz sobre mi mente, todo lo que pueda pasar ya no importa. Estoy sentada en una nube que me lleva donde sopla el viento frío, las noches se volverán temblores. ¿Me creerías si te dijera que está reescribiéndome? El tiempo se nos echa encima, ¿debería gritar en mayúsculas? ¿proyectar mi cabeza a una piscina de disolvente? Si me distraigo, me secuestra el instinto. Me siento tan cría cuando arropo su espalda con la mirada...
viernes, 19 de junio de 2009
domingo, 14 de junio de 2009
It ain't me
Hay días en que la cama se torna inmensa, las paredes se alejan, pareces encontrarte en medio de un desierto de sábanas sin cielo estrellado. Hay días que añoras alguien molestándote alrededor, alguien con quien remolonear los amaneceres lluviosos.
Hay días en que la soledad se hace notar tanto, que casi parece tangible.
Y si intentas solucionarlo, ¿a qué se reduce la cosa? Terminas a las tantas de la mañana hablando de idioteces con un desconocido, jodida de frío, total para acabar con unos besos sin ninguna magia y puede que un polvo que sale fatal por la borrachera. Te levantas y ves que, además, el tío no es ni la mitad de mono ni de majo de lo que te había parecido por la noche. Y se empeña en volver a besarte...entonces recuerdas vagamente la conversación, y en realidad parece el típico chico sensible que quiere hacerte su novia a la mínima. Te entra el pánico, recoges todo rápido y "Ciao cariño, ya nos veremos..." Ni siquiera intercambias el móvil, ¿para qué?
Y te vas a tu casa pensando que lo único que te apetece es mandar un sms a tu mejor amigo, quedar con tus amigos, reír con tus amigos. Decir "Joder colega, ¡a la próxima llévame a casa por las orejas!"
Así que vuelves a tu habitación y siguen existiendo esos días tan largos, tan vacíos, que se extienden en las horas, que te hastían, te cansan, te matan. Y es en esos días cuando conversas con Bob, único hombre que permanece en tu cuarto ya nieve ya truene.
Hay días, hay días. "Hay tantos días como patatas", piensas. Tantos días sin él. Tantos meses sin él. Una vida entera sin él.
En realidad no quieres que vuelva, estás libre, sin raíces, con alas nuevas para volar. Hacía años que no te sentías así de bien, a pesar del desierto y los amaneceres lluviosos. Por eso en el fondo huyes de los chicos gritando: "It ain't me, babe!" cuando ves peligrar tu independencia. Y quieres llenar tu vida tú sola.
Bueno, tú sola y Bob, que cada mañana te guiña un ojo y se encarga de decirte bajito: "Siempre sin dirección a casa, no lo olvides preciosa."
Hay días en que la soledad se hace notar tanto, que casi parece tangible.
Y si intentas solucionarlo, ¿a qué se reduce la cosa? Terminas a las tantas de la mañana hablando de idioteces con un desconocido, jodida de frío, total para acabar con unos besos sin ninguna magia y puede que un polvo que sale fatal por la borrachera. Te levantas y ves que, además, el tío no es ni la mitad de mono ni de majo de lo que te había parecido por la noche. Y se empeña en volver a besarte...entonces recuerdas vagamente la conversación, y en realidad parece el típico chico sensible que quiere hacerte su novia a la mínima. Te entra el pánico, recoges todo rápido y "Ciao cariño, ya nos veremos..." Ni siquiera intercambias el móvil, ¿para qué?
Y te vas a tu casa pensando que lo único que te apetece es mandar un sms a tu mejor amigo, quedar con tus amigos, reír con tus amigos. Decir "Joder colega, ¡a la próxima llévame a casa por las orejas!"
Así que vuelves a tu habitación y siguen existiendo esos días tan largos, tan vacíos, que se extienden en las horas, que te hastían, te cansan, te matan. Y es en esos días cuando conversas con Bob, único hombre que permanece en tu cuarto ya nieve ya truene.
Hay días, hay días. "Hay tantos días como patatas", piensas. Tantos días sin él. Tantos meses sin él. Una vida entera sin él.
En realidad no quieres que vuelva, estás libre, sin raíces, con alas nuevas para volar. Hacía años que no te sentías así de bien, a pesar del desierto y los amaneceres lluviosos. Por eso en el fondo huyes de los chicos gritando: "It ain't me, babe!" cuando ves peligrar tu independencia. Y quieres llenar tu vida tú sola.
Bueno, tú sola y Bob, que cada mañana te guiña un ojo y se encarga de decirte bajito: "Siempre sin dirección a casa, no lo olvides preciosa."
jueves, 28 de mayo de 2009
Quería regalarte una utopía, un pedacito de cielo estrellado, un recuerdo inolvidable, unas palabras perfectas. Tú te mereces cualquier utopía imaginable. Creo que las escenas de película se nos quedaron dos años atrás con las acuarelas en la cara, la ilusión novicia, las noches incombustibles, la inocencia en la sonrisa, los conciertos, la magia y los amaneceres en pie sin estas horribles ojeras. Es curioso imaginar darte un codazo cariñoso y exclamar algo así como: "Che, nos hacemos viejos...", con apenas veintiún años en los bolsillos. Pero noto todo tan lejos, como si hubieran pasado décadas. En esta ciudad hemos aprendido más de lo que hubiéramos apostado nunca. Ahora lo veo todo desde arriba, como una cámara en el techo. Una vez leí que madurar consiste en darnos cuenta de que somos horribles. Bueno, la cámara graba lo peor de nosotros, pero también lo mejor. Y así podría contar una historia como la de nuestros encuentros y desencuentros, que cada día se consolida en algo más incorruptible. De tanto detestarte, he aprendido a quererte y a saber quererte. Y creo que casi sin que me diera cuenta te has convertido en alguien fundamental, un verdadero amigo. Por eso no podré regalarte una utopía, -además, eras tú el experto en escoger la canción perfecta-, pero sí a mí misma siempre y para siempre. Ya ves que no es mucho, los momentos de película vienen solos, pero siempre podremos observarnos como desde una cámara y reír. Sólo el hecho de volar con alguien como tú, me hace no desistir de querer coger la luna con las manos o tocar el horizonte. Sé que si a cualquiera de los dos se le rompe un ala en medio del Atlántico, el otro desde Oriente podrá gritar algo como "¡Algarrobas con piña chocolateadas!", y el viento se lo llevará para que sonrría con dos erres. Porque recordando que en el mundo hay personas como tú, la vida se percibe algo más linda.
Hemos aprendido y seguiremos aprendiendo, errores a cuestas, abrazos guardados...sólo puedo decir que me ha encantado aprender contigo y de ti. Que no cambies, que sigas persiguiendo tus propias utopías, porque al fin y al cabo, alguien dijo alguna vez que volar era imposible.
lunes, 11 de mayo de 2009
Dejando caer la noche sobre mis hombros, intento vanamente dejar de cuestionarme. Sólo necesito ese gesto, pero no va a ocurrir. No hay respuestas ni nadie que susurre que eso es lo de menos. Me gustaría tener varias vidas, como los gatos, o menos poéticamente, como los personajes de un videojuego. Así podría tirarme por acantilados a gusto, o pasarme días sin comer sin que nadie me mirara con aires de reprobación. Podría suicidarme y despertar una mañana fresca, respirar por primera vez, mirar el mundo ingenuamente.
Como no puedo matarme, lo que tengo dentro sólo puede salir en forma de gritos, de sexo, de puñetazos, de lágrimas. Qué lástima que casi se me haya olvidado cómo se hacen esas cosas.
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