domingo, 1 de marzo de 2009

Fresas adobadas y melón en vinagre

Hoy estuve en la parte más alta de la alameda. Todo es tan solitario los domingos... sólo había algún fotógrafo, ancianos paseando y pandillitas de adolescentes fumando medio escondidos. Las ramas de los árboles se alzaban retorcidas al cielo y tapaban las vistas a La Catedral, pero se podían oír las campanadas. El viento me removía el pelo y las manos se me estaban quedando heladas, un perro ladró a lo lejos. Y en medio de todo eso empecé a escribirte un sms, no sé bien por qué motivo ni por qué a ti, supongo que por una banalidad tal como tener sms y llamadas gratis. "Qué triste- decía- que las comunicaciones nos hagan mirar la pantalla del móvil en lugar del paisaje, pero me alegro de compartir contigo algunos momentos especiales aunque sea a distancia". Y en ese preciso minuto al móvil se le acabó la batería y se borró el sms antes de enviarlo. Qué apropiado.
Luego empezó a llegar más gente y mi tranquilidad comenzaba a turbarse, así que me levanté y me fui. Y ahora estoy en casa, escuchando Nothingman -qué bonita es- , escribiéndote no sé bien por qué motivo ni por qué a ti.
No importa. Me siento bien, melancólica por las nubes, pero bien. Necesitaba salir a la calle para algo más que hacer la compra o ir a la biblioteca.
Mañana iré a entregar el papeleo de la beca Erasmus y sólo quedará esperar la contestación para decidir si me voy o no. Mañana lo entrego y pasan los días y cada vez veo más turbio lo que me espera. Hay días en que quiero correr lejos y hay días en que parezco esperar que alguien me diga: quédate aquí conmigo. Supongo que en el fondo daría igual si yo no decidiera, pero el hecho de que esté en mis manos hace que me preocupe por tomar una decisión de la que pueda arrepentirme. Todo sería más fácil si alguien me dijese: lo que debes hacer es quedarte/irte, te aseguro que todo irá bien. Pero naturalmente nadie dirá nada (en el fondo lo agradezco), ni nadie puede asegurar que las cosas vayan bien. Al fin y al cabo todo quedará al azar, supongo que las cosas irán bien y mal esté aquí o allá y simplemente acabaré asumiendo las consecuencias de lo que elija sin arrepentirme, como siempre.
Pero cómo me fastidia pensar en ti y ver que tienes la fuerza de ser tan tranquilo, de dejar que todo fluya sin pensar en qué pasará. Si no es así al menos es la impresión que me transmites últimamente cuando nos vemos. Por otro lado me alegra verte relajado porque quizá se me contagie, aunque no sé si lo consigo o sólo hace que me frustre.
Ahora sería genial que estuvieses aquí, en mi habitación, y bailásemos.
Creo que ya sé por qué motivo te escribo, y por qué a ti. Y es que sé que diga lo que diga me entenderás; mejor o peor, pero lo harás.

lunes, 23 de febrero de 2009

Memoria

A veces la cama se vuelve inmensa, esperpéntica, alargo los miembros y me pierdo en un páramo blanco y helado de sábanas vacías. Pienso en él ahogándome como una boa apunto de engullirme, en nuestras almas arrojadas a un cuarto destartalado, unidas por el mismo deseo; en mi mente corriéndose en sus retinas, en los desperdicios de nuestro amor.
Ahora eso ya no importa. Todo se quedó en el tren, de camino a casa.
Pero cómo arrancarle de una canción, cómo impedir que su imagen se proyecte en las paredes del cuarto cuando cae la noche, son cosas que todavía no sé hacer bien.
Me quedan muchos días corriendo calle abajo, dando patadas al aire, paseando mi juventud, bailando bajo las estrellas, oliendo la hierba, notando el sabor de la sal en los labios, riéndome por la mañana temprano: muchos días de feliz soledad hasta que consiga quedarme tranquila sin ir corriendo a cuidarlo cuando me dice: estoy enfermo.
Muchos días hasta que mis dedos paren de intentar colarse por la garganta hasta el cerebro para arrancar la parte de él donde reside la memoria.

viernes, 20 de febrero de 2009

El imposible yo

Tengo una irrefrenable manía persecutoria contra mí misma. Que me quiero mutilar, que me quiero adornar más, que me quiero dejar como estoy; que quiero verme como en el pasado o avanzar en el futuro. Cambio de idea cada día, me miro en el espejo y me reconozco a ratos. Yo y mi locura desordenada de intentar combinar en un solo aspecto todo lo que está dentro de mi cabeza. A veces reboso optimismo, otras, como ahora, me parece imposible. Y me quiero mutilar, me quiero adornar más, me quiero dejar como estoy; quiero retroceder al pasado o avanzar en el futuro.

Deberían quitarme de la vista todos los objetos cortantes, porque cualquier día en lugar de recortarme el pelo o tirar de las pulseras y lanzarlas contra la pared, me saco un ojo para reflejar en mi cara una maldita metáfora.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Paraguas para días soleados

Desgraciadamente, augurar tormenta es la forma de que la lluvia no te sorprenda en medio del picnic.

Y una cosa es bailar desnuda, pero dejar que tu piel transparente los órganos y los huesos es correr un riesgo demasiado alto.

domingo, 15 de febrero de 2009

Esas cosas que tenemos ahí delante y que por algún extraño motivo no alcanzamos a ver


Hoy ella me dijo:
- Nunca has tenido una oportunidad tan buena como ésta, nunca lo has tenido más fácil.

Y es cierto.

Ahora, sal y limón.


domingo, 8 de febrero de 2009

Una nariz rota y más motivos para seguir viviendo

Paso los días empeñando mis fuerzas en hacerme todavía más volátil. Y de tanto tentar tirarme por la ventana hacia nuevos mundos, al final he resbalado y me he dado con el suelo en todas las narices (por suerte sigue siendo una alargada nariz de bruja).

A veces me disfrazo de chica dura (no da mucho resultado) y hago como que tiro por el wc los recuerdos y los miedos. Pero no puedo quitarme de la cabeza esa frase "Cada día es el primer día del resto de nuestras vidas", y tengo un vértigo horrible. No es un vértigo de los de tengo miedo a caer, sino más bien de los de he subido hasta aquí y ahora no sé bajar. ¿Y si no hay retorno?

De niña, siempre soñaba con hacerme pirata al crecer. Mujer independiente en un mundo de hombres, siempre viajando por un peligroso océano inmenso, sin rumbo. Libre, siempre libre y sin ataduras.
Hoy día sigo soñando con lo mismo, y a poco de conseguirlo he estado alguna vez. Pero se ve que es imposible llevar una vida así cuando yo misma me relío las cuerdas por el cuerpo en cuanto las tengo a la vista.

En fin, supongo que todos somos un poco contradictorios. Algún día conseguiré saltar por la ventana y no darme con el suelo en las narices. Pero mientras tanto, equivocación sobre equivocación, persona defectuosa, inútil, pálida y con ojeras, pensando en enfermedades psicosomáticas y demás incordios, con alguna lágrima irritando los orgullosos ojos de vez en cuando... No importa, eso es lo de menos. Eso me demuestra que cuando mi nariz sangra, mi Tejado es capaz de preparar pociones maravillosas que calman la hemorragia. Y la verdad es que así, da gusto caerse.

jueves, 5 de febrero de 2009

¿Cogerías de un vuelo mis lunas en vela?


Te regalo este aeroplano y mis noches insomnes. Fíjate que está en un cielo muy azul, sin una nube.
Estoy segura de que tú sabrás qué hacer con ello, porque pasan las horas y yo, sin embargo, sólo sé inquietarme, pintarme los labios, revestir el silbido del viento nocturno con Ghosts and Flowers y arremolinarme entre las sábanas mientras, estática, observo el avión en cuestión con cara de chiflada, ¿qué te parece?
Anda, llámame tonta otra vez.