miércoles, 19 de mayo de 2010
Mayos bajo la lluvia y junios sin San Juan. No se ve en el cielo intención alguna de primavera (no hablemos ya de verano). No tenemos sol, no tenemos mar, no tendremos Praha en menos de dos meses; tenemos a algunas personas, pocas ganas de estudiar y bastantes de llorar, de reír, un plan de cambio y posterior borrachera cada uno con sus motivos...
domingo, 9 de mayo de 2010
Yo me quedo para siempre con mi reina
Hoy entré en el blog de Carol Blenk y me sorprendió ver la misma canción que mi reina de Azabache colgó hace unos meses en su espacio, un día cualquiera, especialmente para que yo la escuchara, con palabras cariñosas en checo y todo. Fue precioso.
Ya le dije que necesito uno de esos viernes noche en el Hibernia, que tengo muchísimas ganas de verla pero no lo que eso conlleva. Me pregunto cómo sería un viernes noche con ella aquí; entre tranvías y demás seguro que echaríamos la noche en el viaje, todo un desastre. Tendríamos que vivir juntas en cualquier piso mono cerca del centro y bajar a tomar lo que fuese a la cafetería-pub de la esquina, con suerte no habría música alta y podríamos hablar tranquilas, ¿aunque quien necesita un viernes noche pudiendo hablar o prepararnos cafés en casa cada vez que quisiésemos?
Ay, cuántos cafés he tomado aquí, y qué amargura dejan cuando se pasa a las cervezas y la boquita traiciona a algunos. El último viernes noche prometía, un festival electro de lo más cool en que seguro me hubiera reído un montón con Dabide o bailado sin parar con Tyler, como si no hubiera mañana. Sin embargo coger el tranvía desde la otra punta de Praga hasta casa, a las cinco y pico de la madrugada, y ver poco a poco ir asomándose el sol por los edificios que se recortaban en el horizonte y brillando sobre el Vltava, una vez sola, fue de lo mejor de la noche. Ese fin a una jornada nocturna rebosante de chismes, incoherencias y falsedad entre supuestos amigos fue todo un alivio. Prefiero ser testigo silencioso de los amaneceres en plazas por descubrir, ver mi Praha despertar, pensar en lo mucho que me queda por conocer. No quiero ser más el buzón de los secretitos de gente con sonrisas de cartón y palabras-escaparate.
Pero mi reina no es así. Ella lleva lo que Duardet calificaría seguro como más de media vida conmigo, y aunque dentro de mi cabeza cada vez se repite con más claridad y frecuencia la palabra SOLA, con una sonoridad atronadora, como toda una certeza irrefutable, ella seguirá en mi vida siempre, de eso estoy más que segura.
Hace un rato la tormenta de la calle se coordinó con la mía, como aquel 18 de mayo. Tengo ganas de vomitar y muy poco que decir a estas alturas. Siempre creo que mi cuerpo ha sobrepasado su límite pero vuelven los dramas y cada vez tengo menos palabras y menos certezas. Sólo una se asoma con seguridad por encima de las demás, cada día, en el sol reflejándose en el río mientras me asomo mareada pero en pie, en las palabras de la gente, en las mías propias: SOLA.
No puedo seguir cortándome el pelo porque acabaré con la cabeza rapada, pero han sido demasiadas cosas que recortar en un año, y no me sirve con tomar aire. Hoy en la ducha me he acordado de mi desconsuelo abrazada a la foto de Azabache una tarde del último septiembre, en cómo intenté disimular que todo iba bien aquel mes y durante todo el curso, y cómo Gerardo hace poco me dijo que los primeros días en Praha se me veía ida, con la mirada perdida. Me pregunto si ahora también se me notarán las dudas a través de la sonrisa.
Creo que Duardet me ha adivinado al menos hasta la mitad, pero a pesar de sus abrazos seguiré sin poder escuchar el Unplugged de Alice in Chains y Tyler seguirá doliendo, aunque sea en los errores, en el rumbo de mi vida, en los interrogantes.
Pero me gusta la ventana que tengo en Praha; me gusta que Praha sea una ventana toda ella, me gusta que los viernes noche no se nos olviden aunque pasen meses… porque aunque cambie hasta lo más básico, hay constantes que no deben cambiar, pequeñas cosas que te mantienen cuerdo. Como los viernes de Hibernia o como que Rafa pinche Gloria una noche cualquiera y Nela le bese preguntándose por qué demonios no estoy allí.
martes, 23 de marzo de 2010
Apuré la última dosis de dentífrico en el cepillo pensando que como ella, el fin de semana se acababa irreversiblemente, irremediablemente, todo lo que empieza por irr-. Al volver a la habitación horas después, como un fantasma, cogí el pantalón de pijama y me lo acerqué a la nariz sabiendo que olería a él. De repente la cama me parecía insultantemente grande, todo un despropósito escuchar música sin tener con quien compartirla. Bajé el estor, cogí el libro y lo hojeé, me imaginé en el metro leyéndolo como un triste premio de consolación para los próximos meses sin un hombro donde apoyar la cabeza ni una mano que jugara con la mía en el transporte público. Di vueltas y me senté como esperando algo de la habitación, como si Tyler fuera a salir de debajo de la cama de un momento a otro y todo hubiera sido una broma pesada. Empezaba a pensar en echarme a dormir torturándome con su almohada, estirando los brazos hacia la nada inútilmente, cuando bostezé sin reírme por aquello de la “provocación de la amenaza“ y recordé todas las anécdotas y risas que habíamos pasado ahí tumbados, casi sin darnos cuenta del paso del tiempo.
La tarde había sido penosa, había ido al piso de las cordobesas por entretenerme en algo, sin ganas. Teníamos que planear el fin de semana siguiente, sólo estaban comprados los billetes de avión. Decidimos alquilar un coche para dormir en Alemania ya que todos los hostales estaban completos, como mucho una habitación para dos, una noche. Éramos cinco. No me apetecían aventuras de ningún tipo, gente drogada buscando experiencias, conduciendo de un fiestón a otro… veía en proyección el viaje: me veía perdida entre la gente, llamando por teléfono a personas hasta el culo que ni siquiera consideraba amigos. Iba a tener que cambiar el chip muy rápido, convertirme en cinco días en una alocada de 21 años con altas cantidades de paciencia y/o pasotismo para pasármelo bien. Quizá no me costara tanto, al fin y al cabo seguía teniendo 21, pero en ese momento sólo me apetecía estar con Tyler. Y toda esa gente revoloteando por un piso minúsculo, hablando de ir a la discoteca porque era lunes -sí, porque era lunes-, apostando al póker con pitillos… me resultaban algo lejano y absurdo, irreal, me sentía totalmente fuera de lugar. Así que acabé por irme despacito a mi cueva en las afueras, no tenía ganas de hablar con nadie. Y allí estaba entonces, con las pruebas del fin de semana esparcidas por la habitación, sin querer recogerlas, como si hacer que todo volviera a su lugar fuera como borrar y olvidar lo más real que había ocurrido entre esas paredes. Me dije que mañana, que estaba agotada. No quise ver la foto que nos hicimos en el aeropuerto dos minutos antes de despedirnos. Patti Smith había ido susurrándome en los tímpanos de camino a casa -primero sensualmente y luego con fuerza-, pero una vez allí podía bajar la guardia y poner música anestésica. Nela me habló a través de la pantalla del portátil, le dije: “I’m in Radiohead”, e insistió en un: “Yo te entiendo”; ella no era amistad de pegatina. Y él, que tampoco lo era, dejó una triste frase en su perfil, de esas con taco incluido para amortiguar lo que sino quedaría de un romántico que solo pertenecía a nuestra intimidad. Volvía a estar del otro lado de las letras, del otro lado del continente. La evidencia de esa renovada lejanía me dolió. Me quité la ropa sin ganas, tumbándome en el lado de la cama que él solía ocupar, con su imagen todavía pegada a los párpados. Y al fin, me dormí.
jueves, 4 de marzo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Under the bridge
Digamos que esta canción lo tiene todo (o casi):
Salió al mundo abriendo los noventa ♥, convirtiéndose en una parte integral de la escena de aquellos años y lista para marcarnos cuando éramos chicos. Es una de las que nunca mueren. Siempre recordaré esa imagen que abre el video de Gus Van Sant: los primeros acordes y John F. entre las nubes con un gorro turquesa, al igual que la guitarra (creo que si un día tuviera una sería como ésa).
Es conmovedora y desde mi punto de vista puedes escucharla indistintamente en momentos tristes y alegres. Porque tiene ese punto oscuro y frágil ya desde el título, encabezado con la palabra "under", así como el hecho de que hable de la droga bajo el puente, el síndrome de abstinencia y la incomprensión del mundo hacia un yonki totalmente solo, además de que esté focalizada desde la primera persona como toda obra romántica que se precie y tenga un desenlace puramente trágico que aumenta la tensión musical y del "relato" en el final... pero una vez arrojadas al mundo, las obras de arte están sujetas a interpretaciones y cada uno las hace suyas a su manera. Yo me quedo con una lectura más positiva de ésta. Dejando al margen drogas y suicidios, el hecho de que nacemos y morimos solos no es una tragedia, es pura realidad. Y deberíamos irnos acostumbrando :)
La música es emocional y la letra preciosa, pero además aparece el motivo de la ciudad-personaje recreado en tantas obras literarias sobresalientes. El narrador y la ciudad son los protagonistas de esta historia; una ciudad amiga, que te acoge, que te ve tal como eres. Una ciudad con un puente (o varios ;) ) en que el hombre solitario se ve acompañado y entendido únicamente por ella. Así que para más, me viene como un guante en esta situación de mi vida personal. De esa forma es como yo siento Praga y sus puentes cuando paseo; sé que ella me besa con el viento.
¿Y qué más podemos pedirle a una pieza como ésta? Pues nada más y nada menos que a un John F. guapísimo en este video, me ahorro el oficial que todos conocemos y cuelgo uno más directo y real que conocí por parte de mi hermano-gato. Disfruten :)
La Srta Au revoir.
Salió al mundo abriendo los noventa ♥, convirtiéndose en una parte integral de la escena de aquellos años y lista para marcarnos cuando éramos chicos. Es una de las que nunca mueren. Siempre recordaré esa imagen que abre el video de Gus Van Sant: los primeros acordes y John F. entre las nubes con un gorro turquesa, al igual que la guitarra (creo que si un día tuviera una sería como ésa).
Es conmovedora y desde mi punto de vista puedes escucharla indistintamente en momentos tristes y alegres. Porque tiene ese punto oscuro y frágil ya desde el título, encabezado con la palabra "under", así como el hecho de que hable de la droga bajo el puente, el síndrome de abstinencia y la incomprensión del mundo hacia un yonki totalmente solo, además de que esté focalizada desde la primera persona como toda obra romántica que se precie y tenga un desenlace puramente trágico que aumenta la tensión musical y del "relato" en el final... pero una vez arrojadas al mundo, las obras de arte están sujetas a interpretaciones y cada uno las hace suyas a su manera. Yo me quedo con una lectura más positiva de ésta. Dejando al margen drogas y suicidios, el hecho de que nacemos y morimos solos no es una tragedia, es pura realidad. Y deberíamos irnos acostumbrando :)
La música es emocional y la letra preciosa, pero además aparece el motivo de la ciudad-personaje recreado en tantas obras literarias sobresalientes. El narrador y la ciudad son los protagonistas de esta historia; una ciudad amiga, que te acoge, que te ve tal como eres. Una ciudad con un puente (o varios ;) ) en que el hombre solitario se ve acompañado y entendido únicamente por ella. Así que para más, me viene como un guante en esta situación de mi vida personal. De esa forma es como yo siento Praga y sus puentes cuando paseo; sé que ella me besa con el viento.
¿Y qué más podemos pedirle a una pieza como ésta? Pues nada más y nada menos que a un John F. guapísimo en este video, me ahorro el oficial que todos conocemos y cuelgo uno más directo y real que conocí por parte de mi hermano-gato. Disfruten :)
La Srta Au revoir.
domingo, 28 de febrero de 2010
lunes, 22 de febrero de 2010
"Todo é tan efémero como as promesas da madrugada”
Después de años de una vida permanente, me encuentro en una espiral de colores que se diluyen en el agua y se mezclan entre sí. Nada tiene sentido y sin embargo tiene todo el de la miserable humanidad. Aquí nada permanece, nada excepto lo que queda en tu interior para tu exclusividad.
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