Hoy sólo me apetece estar aquí y empaparme de acordes, saltar en la cama, reenamorarme de los Pixies como cada día. Bailar para liberarme.
Y entonces, y sólo entonces, salir a la calle, los cascos en la cabeza -a modo de orejeras por el frío-, bailar Praga, sentir Praga, mirar muy callada cada detalle, las caras de las personas que pasan, mezclarme con la ciudad, sonreír de libertad.
No me apetece hablar con la gente, -con la misma gente-, ni que ir de cervezas sea casi una obligación, ni comer perritos calientes. No me apetece rutina, no me apetece pensar en ti tanto cada día -y eso habrá que solucionarlo-, pensar en los kilómetros, de nuevo en tus abrazos. No.
Quiero no tener que pensar en qué pienso, no preguntarme where is my mind? y darme cuenta de que está en las tareas, en los deseos y en ti. Las tareas deben salir solas y los deseos detrás, y tú sólo aparecer cuando aparezcas, porque nunca estuve tan segura de que no estoy enamorada de nada más que del amor.
Sweet sweet blue, los cafés, las callejuelas de Bohemia, mám rád zvuk Čeština... yo sabía que sería el principio del resto para siempre, tengo una huella en la cajita que nunca se borrará, cada vez siento más viva la certeza de que no hay vuelta atrás.
Nunca podré volver a casa porque mi casa está en mí, always no direction.
Así que alzaré la cabeza, miraré el cielo, dejaré que el viento me revuelva el pelo. Pero no pronunciaré ninguna oración, porque mi dios es el Mundo y estoy viva para disfrutarlo, suceda lo que suceda. Ce qui importe n’est pas la fin mais la route.



